Ofreciéndome caramelitos emocionales🍭

Ofreciéndome caramelitos emocionales🍭

¿Cómo vamos? ¿Cómo ha estado tu semana? Justo este fin de semana empezó la primavera en el hemisferio norte y, quienes han estado aquí un ratito saben que es mi temporada favorita del año (escribí sobre esto por acá hace un año). La primavera, para mí, simboliza una temporada de renovación, frescura y nuevos inicios. Me fascina porque es una temporada donde las semillitas que se plantaron en invierno empiezan a florecer –literal y metafóricamente.

Tal y como lo mencioné en una de mis ediciones anteriores, cada vez me siento más cómoda reconociendo el mes de marzo como el "inicio" del año. Y no creo que sea coincidencia que ocurra a la par con la primavera, una época de transición que nos permite ir llenándonos de energía (a nuestro propio ritmo) para tomar pasos importantes en nuestra vida –como sea que se estén viendo para ti, en este momento. Ya sea que estés en transición o más renovada/o de energía, espero que puedas reconocer cómo te sientes y lo que estás necesitando en este momento.

Por cierto, descubrí que ahora puedo compartir canciones aquí (y ahora quién me aguanta), así que voy a compartir el acompañamiento musical del newsletter por acá también, por si quieres escucharlo mientras estás leyendo o después. ¡Espero que lo disfrutes!

Ahora sí, ¿empezamos?


Me parece extraño que todavía no he conocido a nadie que me diga que amaba ir a la doctora o al doctor cuando estaba chiquita/o. Yo sé que a mi no me gustaba para nada; me aterraba que me puyaran y me generaba una ansiedad terrible visitar a mi doctor. En verdad, ahora que lo pienso, era como una relación de amor y odio, porque por alguna razón mi mamá me buscaba temprano de la escuela para ir a mi cita médica. Así que, por un lado me encantaba irme temprano, pero por otro lado me sentía súper nerviosa de lo que iba a ocurrir ahí.

Mi mente –cuya velocidad rápida y naturaleza catastrofizante ha disminuido, pero no desaparecido completamente a medida que crezco– se empezaba a generar un montón de escenarios: ¿Y si me puyan? ¿Y si me duele? ¿Y si encuentran que estoy enferma? ¿Y si me tengo que quedar en el hospital? ¿Y si me quedo sola en el hospital? ¿Y si la enfermera no sabe que me da miedo dormir con la luz apagada y me la apaga? O sea, premio Óscar a la mejor directora de películas de la cabeza.

Lo difícil de que mi mente a veces vaya más rápido de lo que quisiera, es que muchos de esas películas se quedan ahí (tengo un epi sobre películas de la cabeza, por cierto: E009). No ha sido hasta los últimos años que he estado reaprendiendo cómo expresar en voz alta los pensamientos que tengo. Pero, cuando era peque, me costaba mucho ponerlo en palabras, resultando en que me viviera esta ansiedad muy hacia adentro. Quizás mi amor por el mundo interno y el estar "adentro" hace más sentido, he estado habitándolo desde hace muchos años.

A veces me daba miedo decir estos pensamientos en voz alta por temor a que se volvieran realidad. Y, al no expresarlo en voz alta, perdía una valiosa oportunidad de escuchar del afuera una poderosa pregunta que me hubiese podido ayudar a parar las películas de mi cabeza:

¿y si no?

En muchas ocasiones, lloraba desde antes de entrar al consultorio. Bueno, no lloraba: gritaba. Era como si todos esos pensamientos catastrofizantes que se almacenaban en mi mente, se llenaba de presión y explotaban en un confetti multi-emocional: miedo, ansiedad, incertidumbre, etc. Me costaba entender que eran citas médicas ambulatorias y que, realmente, la doctora solo quería monitorear cómo estaba mi salud (creo que mi exposición temprana a novelas de Televisa no ayudaba a disminuir las películas dramáticas de la cabeza). Y, al final de la cita terminaba agotada: uno, por llorar demasiado; y, dos, porque me daba cuenta que la cita se terminaba mucho más rápido de lo que imaginaba y que el peor escenario realmente solo vivía en mi mente y no se hacía realidad.

No creo que sea el drama... ¿o quizás sí?

Y recuerdo vívidamente lo que hacía que me generara un poco menos de miedo y ansiedad visitar a la doctora la próxima vez: recibir un caramelo al final de la cita. Ahora escribiendo esto, no me acuerdo muy bien de la cara de mis doctores, pero sí me acuerdo de la gavetita en la que guardaban las pastillas y caramelos (siempre pedía la de cereza que te teñía la lengua de rojo como por una semana). Ese caramelito hacía que todo valiera la pena: mi llanto, mis gritos, y mi valentía. En ese momento no tenía vocabulario emocional para ponerlo en palabras, pero imagino que eso era lo que simbolizaba para mí ese caramelo: una validación de cuán valiente fui, porque a pesar de todos mis miedos aún iba a mi cita (bueno, era una niña, no era como que tenía mucha opción, pero Uds. entienden).

Y recientemente, he descubierto que tengo una tendencia a dar "caramelitos emocionales" –tanto a mí misma como a las demás personas. Suelo agradecerle a las personas su valentía y confianza en contarme algo muy doloroso; suelo reconocer lo difícil que es hablar en voz alta de la vergüenza; suelo celebrar las conexiones que hacen las personas cuando empiezan a generar hipótesis de dónde pudiese estar viniendo un patrón no tan sano; y suelo expresar mi emoción cuando alguien contempla tomar un paso difícil e importante en su crecimiento emocional. E intento hacer lo mismo conmigo misma (aunque a veces me es más fácil extendérselo a los demás).

Un caramelito emocional es la expresión más pura de paciencia y auto-compasión. Tal y como mi doctora pacientemente me contenía los gritos y el llanto, y me extendía el más dulce (literal y metafóricamente) de los reconocimientos compasivos, como si me estuviese diciendo "¡lo hiciste súper!". El caramelito emocional, en mi caso o en la forma en la que lo veo hoy en día, tiene mucho menos que ver con el resultado y más con el esfuerzo o proceso. Si vuelves a leer los ejemplos que incluí en el párrafo anterior, encontrarás varios ejemplos de esfuerzo: valentía, confianza, hacer conexiones, contemplar tomar decisiones, entre otras. Intento no  dar caramelitos emocionales solo cuando alguien hace algo, sino por el esfuerzo y el proceso que antecede ese algo –quizás es mi propia forma rebelde de celebrar el proceso, para así irme alejando cada vez un poco más del resultado (similar a como escribí aquí).

Creo que a la mayoría de las personas nos cuesta darnos a nosotras/os mismas/os caramelitos emocionales. Solemos ser muy duras/os, rígidas/os, y hasta nos penalizamos cuando fallamos. Me rompe el corazón cuando escucho a algún ser querido darse tan duro porque jamás le he escuchado a esa persona tratarme a mí con tanta dureza. Y entonces, ¿por qué lo hace con la persona más importante en su vida: consigo misma/o? Y, en mi caso, creo que naturalmente aprendo a extenderme un poco más de auto-compasión, cariño y paciencia a mí misma en la medida en la que se la extiendo al otro o a la otra. Porque, tal y como he mencionado en reiteradas ocasiones: somos seres inherentemente relacionales.

Es más, escribiendo esto me he acordado de una frase que leí cuando estaba escribiendo mi tesis y, me ha gustado tanto que se ha vuelto mi Tweet fijo:

"Logramos entender a otras/os a través de nuestro propio entendimiento, y logramos entendernos a nosotras/os mismas/os a través del entendimiento de otras/os, así que es una calle de dos vías" - (Ellis, 2016)

Quizás, al ofrecerle caramelitos emocionales a las demás personas –y que las mismas me compartan su sensación de alivio cuando dimensionan con compasión y cariño el trabajazo que han hecho– puedo empezar a ofrecerme caramelitos emocionales a mí misma, y viceversa. La auto-compasión, la paciencia y el cariño que puedo ofrecerme a mí misma en mis procesos, en reconocer que esta vida es ensayo y error (y es el aprendizaje de los errores lo que hace la diferencia), y en abrirme al ciclo infinito de desaprendizaje y reaprendizaje, son precisamente los caramelitos emocionales que me permiten seguir apareciendo: para mí misma y para mis relaciones.

Muchas veces, la gente confunde la auto-compasión con la auto-indulgencia, y quiero aclarar a qué me refiero con auto-compasión: me refiero a la capacidad de mirarnos a nosotras/os mismas/os con ojos de amor y paciencia, mientras que al mismo tiempo nos responsabilizamos por nuestras emociones y nuestro mundo interno. La auto-compasión tiene una gran pizca de responsabilidad afectiva, precisamente porque no se trata en excusar el por qué nos relacionamos de formas poco sanas (con nosotras/os y/o con los demás), sino para reconocer que estamos en constante aprendizaje y dejar una puerta abierta para ajustar en caso tal que esa forma de relacionarnos se sienta incongruente con lo que queremos para nosotras/os mismas/os.

Similar a una de las difíciles realidades de volverse adulta/o donde te tienes que ir a comprar tus propias medicinas para sentirte mejor, mi invitación de hoy es apropiarte de ser tu propia doctora para ofrecerte a ti misma caramelitos emocionales después de un trabajazo emocional que hayas hecho –independientemente del resultado inmediato que tiene o no. Mi intención con la reflexión de hoy es invitarte a pensar cómo se ven esos caramelitos emocionales para ti, así como a identificar las oportunidades que tienes de ofrecértelos a ti misma/o. Quizás, si podemos ofrecernos esos caramelitos emocionales –cargados de auto-compasión, paciencia, amor y cariño hacia nosotras/os mismas y nuestros seres queridos– se vuelve un poco menos atemorizante seguir trabajando en un nuestro mundo interno. Y, similar a la gavetita de nuestra doctora, recordar cuán importante es reabastecernos con caramelitos emocionales con frecuencia, para así tener de dónde escoger cuando los necesitemos.

Mi gentil recorderis para el día de hoy:

"Soy meritoria y meritorio del tiempo que toma hacer las cosas que sanan mi corazón." - @morganharpernichols

Tengo un epi complementario para este newsletter (estoy llena de caramelitos emocionales hoy!), por si quieres seguir descubriendo más sobre la autocompasión:

E027: ¿Cómo sentirme suficiente?


Prontito se acerca nuestra sesión de journalling para el espacio de Acompañar de este mes y quiero aprovechar este pedazo del newsletter para aclarar algunas preguntas que suelo recibir:

¿Cómo funciona la membresía?

Es una suscripción pagada y automática de $10 al mes o $100 al año. Se cobra automáticamente en la fecha que has elegido, es decir que si quieres tener la opción de entrar y salir, perfectamente se puede pero tienes que gestionarlo manualmente para que la plataforma no finalice el cargo a tu tarjeta.

También habilité la opción de pago por ACH solo para la versión anual ($100 al año), así que si eso te interesa, escríbeme a mi correo para pasarte la info.

¿Son siempre a la misma hora?

Sí, por ahora son siempre los sábados a las 9:30 AM hora Panamá y nos reunimos por Zoom. Suelo anunciar la siguiente fecha al finalizar el espacio del mes. Nuestro próximo encuentro es el sábado 9 de abril.

¿Qué pasa si no puedo asistir a esa hora?

Siempre envío las grabaciones de las sesiones el lunes que le sigue a nuestra sesión. Así que, al ser parte de la membresía tendrás acceso a ellas por cada mes que se valide tu suscripción, para que las puedas ver a tu propio ritmo y a tu propio tiempo.

¿Cuál ha sido el feedback hasta ahora?

"Estas sesiones han sido realmente enriquecedoras, refrescante y renovadoras, me han brindado la oportunidad de mirar con otros ojos mi paisaje personal."

"Cada mes, logro avanzar un poco más en poderme 'mirar hacia dentro'. Mariana es una guía muy gentil que me permite descubrirme poco a poco y con ella he aprendido muchísimo sobre mi vocabulario emocional."

"Me encanta ser guiada para darme ese permiso de ver todo desde otra perspectiva y que me permita sentir de forma abierta y segura."

"Las sesiones de acompañar se han convertido en una manera muy especial de regalarme ese espacio cada mes. Y además, llegué aquí gracias a mi mejor amiga así que nuestra amistad sin duda ahora tiene un lazo aún más fuerte."

Espero que si lo habías estado pensando y dando vueltas, esta sea la señal que necesitabas para animarte y ser parte de este grupo tan lindo. Te dejo aquí abajo la info de nuestra próxima sesión, haz clic en la imagen para actualizar tu membresía:

También tenemos playlists emocionales para cada sesión, por si necesitas una razón más para unirte😉

Oigan, Uds. disculpen que hoy me ha pegado la hablantina versión escribir, pero es que a veces hay semanas que tengo mucho que compartir, así que paso por aquí hoy con 2 recomendaciones:

CODA (2021)

Esta película nominada al Óscar para mejor película, mejor guión adaptado y mejor actor de reparto está TAN hermosa, que no sé ni por dónde empezar. Quizás te diré que no paré de llorar viéndola, es un vistazo conmovedor y doloroso hacia la vida de una chica adolescente y su familia, siendo ella la única que puede escuchar (su madre, padre y hermano son sordos). Es una película movilizadora sobre la reestructuración familiar, los límites (a veces compasivos y a veces abruptos), y cuán poderoso es cuando cada miembro de la familia se apropia de su magia.

Recomendadísima hasta más no poder, disponible en AppleTV+.

Turning Red (2022)

Esta película me la recomendó mi hermana Maricarmen y me la vendió con tan solo decirme que no paró de llorar en la misma (a nosotras nos gusta decir que nos gustan las pelis que nos hacen sentir, pero creo que también nos gustan las oportunidades de pegar una buena llorada). Es la más reciente película animada de Disney + Pixar, y es dirigida por Domee Shi (quien ganó el Óscar por el corto de Pixar, Bao y fue nominada por Inside Out). Así que, ya te imaginarás las emociones a flor de piel. No quiero dar muchos spoilers, que ya sabes cuánto me cuesta, pero me limitaré a decir que también está el tema familiar presente, así como toca fibras emocionales para todas y todos las/os perfeccionistas en recuperación.

Espero que te guste tanto como a mí, está hermosa. Disponible en Disney+.

♥️Amorcito que recibe Adentro♥️

Amé el newsletter, estás haciéndome recorrer mi mundo interno de una manera más científica con menos juicios, y más compasiva sin menos presiones.

-Alida A.

Para escribir en tu journal:  

  1. ¿Qué tan fácil o difícil es darte caramelitos emocionales?
  2. ¿Cómo puedes ofrecértelos con mayor frecuencia?
  3. ¿Cómo puedes ofrecérselos a las/os demás con mayor frecuencia?

Y con estos últimos pensamientos me despido por hoy.

¿Qué te pareció este newsletter? ¡Responde a este correo y cuéntame!

Reenvíaselo a alguien a quien le quieras ofrecer un caramelito emocional hoy.

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¡Espero que tengas un lindo fin de semana!

Un abrazo,

Mariana♥️

Mariana Plata Rovetto

Mariana Plata Rovetto

Psicoterapeuta y educadora. Con la profunda misión e intención de facilitar el hacer sentido de nuestro mundo interno.
Panama